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Entre mascaradas, vigorón y manzanas escarchadas.

Entre mascaradas, vigorón y manzanas escarchadas.

El día de un santo o patrono de alguna comunidad, o la recolección de fondos para una escuela o colegio son siempre una excelente idea ¡para un turno! y por supuesto sus infaltables chinamos de comida.

Arriesgándonos a un dolor de “panza”, ahí vamos a probar por lo menos un churro, ¿quién no lo ha hecho? hey vamos, algún recuerdo de infancia, sí sí, la manzana escarchada, el algodón de azúcar o la galleta suiza.

De paseo por el turno de un barrio como cualquiera, como el suyo o como el mío, fuimos guiados por ese olorcito, esa mezcla de carne asada y elotes con mantequilla. Encontramos una variedad de comensales curiosos, hay quienes las miran antes, como quien trata de averiguar su procedencia con esa mirada prejuiciosa de investigador privado, o peor aún, de personal de salubridad, pero son esos los que siempre sucumben ante la tentación de algún platillo y por supuesto ante la falta de pruebas, y es que una que otra mosquilla no le hace mal a nadie, o como dicen por ahí – y para callar la higiénica conciencia –  ”lo que no mata engorda”. Pero que va, con tanta pandemia, influencia, ¡eh digo! influenza H1N1 y salmonella ya mejor tenemos un poquito de cuidado, de por sí está de moda andar esos frasquitos cute de alcohol en gel con olorcito a vainilla o algo así.

Continuando con lo peculiar de los visitantes, hay quienes van directo, ya decididos piden su platillo, se lo comen “de a para’o”, se chupan los dedos y se van.

Ahora les voy a contar del menú, empecemos por las cosas dulces: la oferta (y me refiero a la variedad, porque ni están en oferta ni hay que regatear), están los churros: esa combinación de fritura y azúcar, los hay simples o rellenos con dulce de leche, y siempre cerca de ellos, las infaltables manzanas escarchadas, y no crean, hay que tener suerte para que le toque una manzana que además de verse apetitosa, esté jugosa y “buena” dentro de esa falsa apariencia rojita y brillante, y el acto de comérsela en sí es toda una aventura, más si de chiquillos nunca lo habían hecho, ¡ja ja ja!, yo lo hice hace poco, y como era obvio para no perder el “glamour“, me la comí en casa, primero que nada el “mielero” en los dedos y sí, cuidado con los dientes, porque o se los quiebran con la primera mordida o se hace todo un ejercicio de mandíbulas porque esa #&%#& confitura queda pegada hasta en el más recóndido lugar de las muelas, ¡Auxilio!.

Los favoritos de los niños y no tan niños son los algodones de azúcar, esa dulce sensación cuando el pedacito de “espuma” se deshace en la boca, hasta sentir los diminutos granitos de azúcar. Como ya vieron, la visita al dentista después de ese paseo fue obligatoria, y claro, al gimnasio también, ni modo.

Una pasada más rápida fue por el maní garapiñado, el chop-suey, el arroz cantonés, el pollo frito, el vigorón y las carnitas a la plancha, hasta que hicimos otra parada por elote con mantequilla, no sin antes escuchar una carcajada de mi esposo porque ¿a ver quién se atreve a comerse un elote sin embarrarse los dedos, chorrearse la camisa, y por supuesto mantener el blower? Sí yo, y lo logré.

Bueno, y por último llegamos a las pupusas “salvadoreñas”, no sé qué tendrán de salvadoreñas, porque las señoras que se arremangaron y se pusieron a palmearlas eran bien ticas, pero ¿por qué criticarlas? acaso el chop-suey dejó de ser chop-suey porque no lo cocinó un chino, no verdad.

Así que vamos al turno, recuerde los sabores de su infancia, y si algo no le gustó tómese una birrita por ahí, en un toldo ambientado con unas águilas, unas rubias o una Rock, o qué se yo, la que mejor prefiera.

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The Waffle Place

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La boca es una parte importante del cuerpo humano, debido a que por ella se introduce el alimento, el cual es molido por los dientes, está humedecido por la saliva y finalmente manipulado por la lengua.


La boca también sirve para la expresión oral, la cual es extraordinariamente importante en la formación de la palabra.

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