Cuántos de nosotros hemos “apartado” algo que simplemente no nos gusta, desde que fuimos chiquillos o después de algunas historias no muy agradables.
Cuántas mamás nos han obligado, manipulado o chantajeado para que nos comiéramos unas “pinches” petit-pois, unos pedacillos de cebolla o chile dulce, o la simple pero insistente súplica de madre… “¡Pero pruébelo, nada pierde probándolo!“, claro que pierdo algo madre: la dignidad y una que otra papila gustativa. Pero gracias madrecitas, tías o nanas, porque así también encontramos muchos sabores que sí nos gustaron.
Qué me dicen de las historias (que por dicha yo no viví pero que he escuchado por ahí) de comer con “el chilillo” o con la faja en la mesa y la advertencia de “¡No se para de la mesa hasta que se coma todo eso, y deje el plato limpio!“.
Cuánta comida han disfrutado o al menos “engullido” nuestros mejores amigos los perros, con tal de salvarnos de una regañada o una amenaza.
No siempre es un capricho de no comer “eso”, aunque lo admito, a veces simplemente no se antoja, otras veces ni siquiera lo hemos probado, pero por ese olor o aspecto no lo queremos, en muchas ocasiones es que, aunque ya lo degustamos, no nos gusta y punto.
Hay quienes comemos casi de todo, pero qué hay de esas comidas despreciadas por muchos y apetecidas por otros, como la temible “morcilla” que según el lenguaje popular: platillo realizado con sangre coagulada :S
Y qué pasó cuando se enteraron que el mondongo era nada más y nada menos… el intestino de la vaca, con todo y esas vellocidades raras. La verdad verdad, yo sí me lo como ¿pero ustedes?
Hey, y la lengua, ¿cuántos no sabían que lo que mamá llamaba “engua en salsa, era la mismísima lengua “peluda” de la vaca? No fue sino hasta que la ví, sí, la ví en una urna de la carnicería, y ahí estaba… una lengua sóla, sin su cabeza, y lo peor de todo, mamá comprándola para el amuerzo del domingo ¡Noooo!.
Hasta ahora, no le he encontrado el gusto a las aceitunas, díganme cómo hago. ¿Y cómo es que ese vago recuerdo de las ricas y jugosas uvas se convierten en pasas?
Cuéntenme qué han tenido que hacer para disimular, esconder o “apartar” eso que no les gusta, o qué trucos utilizan para ponerlos en la comida y que ni se noten.

