Todos tenemos siempre algo que comentar con respecto a la comida, en nuestra cultura las principales celebraciones: cumpleaños, navidad, aniversarios, etc; se realizan en torno a una mesa plagada de platillos para comensales de todo tipo.
La idea de este blog no es una crítica exhaustiva al variado menú de restaurantes y “chantes” de Tiquicia, sino más bien que acá podamos compartir consejos y recomendaciones que hacemos con un grupo de amigos, de dónde encontramos el mejor pinto después de una noche de tanda, el mejor cafecito para una tarde de lluvia, o el mejor restaurante “con vista” para ligar a la chiquilla.
No soy chef ni pretendo serlo, este paladar apenas está instruyéndose en el amplio mundo de la gastronomía. Los términos utilizados no serán precisos ni técnicos, pero les prometo aprenderé rápido.
Mi esposo siempre me ha dicho que soy una antojada de primera, y aunque no esté embarazada – como es habitual creerlo y como ya muchas personas me lo han preguntado – por el deseo tan intenso de comer algo en forma repentina, de saborear algo que en este momento no esté “a la mano”, es que tendré que recorrer algún pasillo de supermercado o rebuscar en alguna soda de camino a casa.
En esta primera nota no podré dejar de mencionar el Chori-Wantan, ya que de este “platillo extraño” surgió la idea del blog, esto es poque no sólo me antojo frecuentemente, sino que también suelo cambiar la forma, el tamaño o el sabor de casi todas las comidas que tengo el placer de degustar.
El Chori-Wantan…
Un día de vacaciones, en una de las hermosas playas del país, decidimos ir a comer a un restaurante argentino, por lo que ordenamos una tapa de chorizo argentino (venía con otro nombre) y un ceviche, el cual para mi asombro, venía acompañado de unas “tortillas” realizadas con una masa para Wantan, y no como normalmente sucede con la típica galleta de soda, así que procedí a realizar la mezcla en cuestión: tomé una porción de chorizo del plato del otro comensal (que por lo general y para su desgracia, es mi esposo) y realicé el famoso Chori-Wantan, que para mi paladar poco exigente estuvo bastante bien, una mezcla ingeniosa aunque visualmente yo diría “no vendible”.
Quiero que durante este tiempo que nos conozcamos, usted me pueda comentar todas esas variaciones extrañas e historias que nos suceden ya sea en la cocina de la abuela o en algún restaurante por ahí.
Así que lo invito, manos a la obra, tome el toro por los cuernos, que lo encuentren con las manos en la mesa y ¡vamos a monchar!


Heyyyyyyyyyyyyyyy. Al fin. Antojando.me del chori-wuantan. Podre contar yo las peripecias y gustos suspicazes de la escritora en cuestión? Vamos a ver que se me antoja contar…
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